¿Tu mascota come demasiado rápido? Qué hacer para evitarlo.

La mayoría de dueños de perros, saben que sus mascotas disfrutan mucho con una buena comida. Aunque hay excepciones, los perros suelen ser comilones por naturaleza. Nunca dicen que no a un buen bocado, y en ocasiones comen más de lo que deben.

Hay perros, que comen demasiado rápido, no mastican, y tragan mucho aire a la hora de alimentarse. Este comportamiento, viene de sus parientes los lobos. Es un instinto de supervivencia por el que engullían lo más rápido posible para no quedarse sin su porción. Aun así, esto puede ser perjudicial y ocasionarles problemas graves como los que exponemos a continuación: Leer más

Leucemia felina. ¿Conoces esta enfermedad?

La leucemia, es una enfermedad vírica grave de los gatos. Está producida por un retrovirus. Se denomina Virus de la leucemia felina (FeLV). Este virus es de la familia del virus que produce la inmunodeficiencia felina, otra enfermedad bastante grave en gatos.

Leucemia Felina

Es una enfermedad infecciosa. No se transmite a las personas, pero sí de gato en gato. Infecta las células del sistema inmunitario, destruyéndolas o dañándolas. Esto hace que el animal esté expuesto a una gran variedad de enfermedades e infecciones secundarias.

Esta enfermedad, es más frecuente en gatos callejeros, o gatos que tienen acceso al exterior y se relacionan con otros que puedan estar infectados.

La edad crítica de activación de la enfermedad es, o bien al año, o a los cinco años. La esperanza de vida de estos animales suele ser inferior que la de los gatos sanos.

 

  • Síntomas:

Los síntomas, pueden ser muy variados.  Hay gatos que pueden no presentar síntomas durante un largo periodo de tiempo después de la infección.

Cuando se presentan, entre los más frecuentes, nos podemos encontrar: anemia, enfermedad hepática o intestinal, trastornos de la reproducción, e incluso abortos y mortalidad neonatal. También son frecuentes los problemas relacionados con el sistema inmunitario y la formación de tumores.

Además, como ya hemos comentado, los gatos afectados son muy propensos a padecer otras enfermedades secundarias debido a que su sistema inmunitario no funciona correctamente.

 

 

  • Contagio

La enfermedad es altamente contagiosa. Se puede transmitir por fluidos como la saliva, sangre, leche y se cree que también por heces y orina. La vía de contagio más habitual es el contacto con la saliva de un animal infectado. Este contagio puede ser mediante el lamido, mordedura, o incluso por compartir comedero y bebedero.

Las madres pueden contagiarlo a los recién nacidos en el parto o durante la lactancia. Por lo tanto, gatitos jóvenes o recién nacidos pueden padecer la enfermedad.

Los animales más receptivos a esta enfermedad son los gatos jóvenes, de entre uno y cuatro meses. Estos animales, suelen presentar una respuesta inmunitaria débil. También, los gatos mayores, o aquellos que pasen un momento de bajada de defensas.

Este virus, no es un virus muy resistente en el entorno. La transmisión aérea es poco probable, y es sensible a todos los detergentes y desinfectantes.

Sin embargo, si tu gato entra en contacto con saliva de otros gatos, o tiene alguna pelea con un gato positivo, puede pasar alguna de estas cosas:

  • Que sea inmune a la enfermedad: el animal entra en contacto con el virus, pero su sistema inmunitario consigue combatirlo y eliminarlo. Puede ocurrir que pase por unos días de fiebre y letargo. Esto se denomina “viremia transitoria”, pero finalmente el organismo logra expulsar el virus.
  • Que el virus quede latente: no enferman, pero el virus logra quedarse en la médula ósea. Estos gatos tienen el virus, y aunque no están afectados por la enfermedad, en cualquier momento se puede reactivar. La activación puede ocurrir en un momento de bajada de defensas. Pueden pasar años para que se active, o incluso que nunca llegue a hacerlo, y se elimine.
  • Que el virus infecte: El virus logra penetrar en el organismo e infectar al animal. El animal pasará por unos días de fiebre y letargo, como en la viremia transitoria, y se recuperará. El virus permanece en el animal de por vida. Puede tardar meses o años en dar la cara.

 

  • Tratamiento

No existe un tratamiento para esta enfermedad. Lo que podemos hacer con nuestro gato, es protegerle de la exposición a otras enfermedades y asegurar una buena nutrición.

Aunque no existen tratamientos específicos para la leucemia felina, algunos medicamentos, como el interferón y otros inmunoestimulantes, pueden ser de utilidad para mantener el sistema inmunológico del gato en buen estado.

Se debe consultar al veterinario los tratamientos que recomienda dependiendo de los síntomas que presente el animal.

 

  • Prevención

Existen vacunas contra la leucemia felina. Aunque se recomienda que se vacunen los gatitos sanos, no es una vacuna que proteja al 100% contra la enfermedad. Es por esto, por lo que no se recomienda que convivan gatos positivos a la enfermedad, y gatos sanos, aunque estén vacunados.

Lo mejor que podemos hacer, para ver si nuestro gato está sano, es hacerle un test en el veterinario. Estos test, se recomiendan hacerlos a todos los gatos, para asegurarnos que no están afectados ni son portadores de la enfermedad.

Estos test son de vital importancia, sobretodo, si vas a introducir a un nuevo miembro a la familia. Así, podremos identificar a los gatitos positivos, y no transmitir la enfermedad de unos a otros.

¡Pregunta a tu veterinario de confianza, y el podrá asesorarte sobre lo mejor para tu gatito!

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