Leishmaniosis canina ¿Conoces la enfermedad?

La leishmaniosis es una enfermedad infecciosa zoonótica producida por un protozoo parásito obligado. Este parásito necesita de un vector para infectar al animal. Los vectores de “Leishmania infantum”, son unos mosquitos del género Phlebotomus.

Las hembras de estos mosquitos son los que pican al animal y pueden transmitir el parásito causando la enfermedad. El mosquito debe picar a un animal infectado, portar el parásito, y picar a otro animal infectándolo.

Afecta principalmente a los perros, pero puede afectar también a otros vertebrados como por ejemplo roedores y humanos. En los perros, afecta a todas las razas, pero esta enfermedad se diagnostica más en perros grandes, ya que suelen ser los que están más expuestos en exteriores a las picaduras de mosquitos portadores.      

Una vez que el parásito infecta al animal, su respuesta inmune comienza a funcionar. En ocasiones, la respuesta inmune del animal consigue vender al parásito y el perro no desarrolla la enfermedad. Cuando no se consigue neutralizar, porque la respuesta inmune no sea adecuada, el parásito comenzará a invadir las células, a reproducirse y colonizar distintos órganos. A partir de ahí, empezarían a aparecer los cuadros clínicos en los animales afectados.

Existen distintos tipos de presentación de Leishmaniasis. La forma más grave, que es la visceral, la cutánea y la mucocutánea.

Sintomatología:

Los síntomas de esta enfermedad son muy variables, dependiendo del tipo de leishmania que afecte al animal serán unos u otros. En ocasiones, se pueden presentar varias formas a la vez. Puede haber manifestaciones generales como:

  • Pérdida de peso y anorexia.
  • Apatía.
  • Fiebre.
  • Vómitos y diarreas.
  • Aumento del tamaño de los ganglios linfáticos.
  • Sangrado por la nariz.

Los síntomas específicos de la forma cutánea pueden ser:

  • Alopecia. Puede ser en distintas zonas, pero es muy común en la zona de las orejas, alrededor de los ojos y el cuello.
  • Uñas excesivamente largas y quebradizas.
  • Hiperqueratosis y descamación
  • Nódulos intradérmicos

La forma visceral, dependiendo del órgano que sea vea afectado puede dar una sintomatología y otra, que corresponderá al fallo orgánico que esté produciendo. Los órganos que suele atacar con más frecuencia este parásito son el riñón y el hígado, causando la forma más grave de la enfermedad, que si no se trata a tiempo puede ser mortal.

Si sospechamos de esta enfermedad, nuestro veterinario puede realizar un análisis de sangre específico para detectar anticuerpos o una toma de muestras de ganglios para tratar de localizar al parásito mediante una citología.

El tratamiento y el pronóstico de esta enfermedad varía dependiendo del estado general del animal y de la zona u órganos afectados.

Sabiendo todo esto, podemos decir que lo primordial para evitar esta enfermedad es la prevención, siguiendo unos sencillos consejos, podemos hacer que nuestra mascota esté protegida y el riesgo de padecer la enfermedad no sea elevado.

  • Vacunación: Existen vacunas que, aunque no previenen la infección 100%, reducen el riesgo de enfermar y la probabilidad de desarrollar síntomas clínicos. Para vacunarse, debemos asegurarnos primero de que el animal es negativo a la enfermedad.
  • Tratamiento preventivo: existen fármacos que se pueden administrar para potenciar la respuesta inmunitaria en nuestros animales y reducir el riesgo de infección.
  • Protección antiparasitaria: Esta es la medida fundamental. Si tenemos a nuestras mascotas protegida frente a parásitos y mosquitos la probabilidad de que enferme será muy baja. Existen collares y pipetas que protegen frente a “Flebótomos”, los mosquitos transmisores, pero debemos de tener cuidado, puesto que no todos los antiparasitarios del mercado protegen.

Como ejemplo, podemos destacar las Frontline Tri-Act. Estas pipetas protegen a nuestras mascotas frente a pulgas, garrapatas y mosquitos, aplicando una pipeta al mes, podemos garantizar la protección de nuestros amigos.

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